Su altitud, superior a los 1.000 metros sobre el nivel del mar, y una privilegiada situación en el interior de la Península Ibérica le confieren un clima continentalizado, con inviernos largos y rigurosos, y veranos cortos, con breves y frecuentes olas de calor. Sin embargo, es en primavera, cuando estallan las flores, y en otoño, cuando el verdor de las arboledas deviene un mosaico de cobre y oro, cuando la ciudad ofrece su máxima belleza.
La temperatura media anual oscila entre 10 y 11º C mientras que la media del mes de agosto ronda los 20º C. Las precipitaciones son del orden de 550 mm anuales, cifra ligeramente superior a las registradas en las tierras del centro de la cuenca del Duero.
La cercanía de la Sierra de Guadarrama influye en gran medida en las condiciones climáticas. Durante buena parte del año, la montaña está cubierta de nieve -lo que permite la existencia de varias instalaciones para la práctica del esquí. |